Estudios Palacios Lleras

Efectos detrás de la política recaudatoria de la DIAN


Por Jose A. Herrera Carvajal*

En Colombia hay una premisa casi axiomática en la consciencia colectiva de empresas e individuos, la cual consiste en que pedir en devolución un saldo a favor de impuestos, es un trámite en el que a lo sumo se tendrá que perder parte del crédito a favor, porque la DIAN intentará por todos los medios encontrar mecanismos para reducirlo o incluso convertirlo en un saldo a pagar en casos dramáticos.

Empresas que son conservadoras en sus posiciones tributarias y que cumplen sus obligaciones con el fisco, son conscientes de que sin importar su rectitud fiscal deben esperar que en el trámite de devolución el respectivo funcionario haga alegaciones estrambóticas con el fin de mitigar el monto a devolver. Algunas de estas empresas ya conviven con esta realidad y aceptan esta situación como un sobrecosto adicional de hacer negocios en Colombia. Otras, para evitar el riesgo moral del mensaje que se transmitiría si se aceptaran siempre las pretensiones del respectivo funcionario, prefieren defender su posición, con el desgaste procesal y el costo que ello implica.

Para empresas de menor tamaño que nunca han solicitado un saldo a favor o para personas naturales en la misma situación, el axioma es que los saldos a favor no deben ser solicitados en devolución, porque iniciar un trámite de devolución los pondrá con alta probabilidad en una situación en la cual el saldo a favor se convertirá en un saldo a pagar. Esto no significa que empresas de menor tamaño y personas naturales no cumplan con la ley, pero sí es probable que al no ser expertas en el campo tributario, no cuenten con buenas herramientas para controvertir las reclamaciones del fisco que en muchos casos carecen de fundamento legal.

La realidad que se avecina con la culminación del año 2013, es que por efectos de la reforma tributaria de 2012, muchas empresas y personas que antes no generaban saldos a favor, a partir de este año sí van a generarlos en sus respectivas declaraciones de renta.

En el caso de las empresas, esto se debe a que la tarifa del impuesto sobre la renta fue reducida del 33% al 25%, reducción que no vino acompañada de una disminución equivalente de las tarifas de retención en la fuente del impuesto sobre la renta. Esto implica que si bien el impuesto de renta se redujo, el anticipo de dicho impuesto que se debe pagar vía retenciones en la fuente se mantuvo igual, lo que sugiere que empresas que antes liquidaban saldos a pagar, es posible que ahora empiecen a liquidar saldos a favor.

En paralelo se estableció otro impuesto sobre la renta llamado CREE el cual, a partir del 1º de mayo de 2013, también estableció un mecanismo de pago anticipado vía retenciones en la fuente (auto-retenciones a partir del 1º de septiembre de 2013). No obstante, la magnitud de las tarifas establecidas para el pago anticipado del CREE es baja, relativa a la magnitud de las tarifas vigentes para el pago anticipado del impuesto sobre la renta. Esto supone que en 2014, muchas empresas cuando preparen sus declaraciones de renta y de CREE se enfrenten a la ridícula situación de que en la primera declaración (renta) liquidarán un saldo a favor, mientras que en la segunda declaración (CREE) determinarán un saldo a pagar.

Las personas naturales enfrentarán una situación similar porque la reforma tributaria de 2012, estableció mínimos de retención en la fuente por pagos laborales, lo que supondrá que aumenten los pagos anticipados del impuesto, sin que necesariamente aumente el impuesto en muchos casos. Esto generará que en las declaraciones de renta de personas naturales los saldos a pagar disminuyan y los saldos a favor aumenten.

El incremento de los anticipos de los impuestos de renta tanto empresariales como personales, por encima del impuesto mismo, no es un accidente. La contabilidad pública registra como ingreso por recaudo de impuestos, lo que efectivamente recibe en caja la DIAN. Esto explica por qué en el corto plazo la DIAN, bajo la dirección de Juan Ricardo Ortega López, está más preocupada por aumentar los pagos anticipados, así no se incrementen los impuestos que corresponden a dichos anticipos. Con esta estrategia, a pesar de que los fundamentales económicos no mejoren y, por tanto, no aumente naturalmente la liquidación de los impuestos de renta, la DIAN sí logrará en 2013 un aumento del recaudo vía incremento de los anticipos de impuestos.

El hecho de que la contabilidad pública registre como ingreso lo que efectivamente la DIAN recauda en caja, es justamente lo que alimenta la premisa axiomática de que una solicitud de devolución por bien sustentada que esté, será controvertida por la DIAN, porque cualquier monto devuelto, es menor recaudo para la DIAN, sin importar si el contribuyente tiene derecho legítimo a su devolución.

Es probable que gracias a la estrategia de aumentar los anticipos de los impuestos de renta, a pesar de la desaceleración económica que parece afectar al país, la DIAN cumpla con la meta de recaudo para el año 2013. Pero como sucede cuando hay enfoques excesivos en el corto plazo, esto es a costa de generar problemas en el mediano y largo plazo.

Uno de estos problemas será el incremento por encima de lo normal de solicitudes de devolución y compensación de impuestos en 2014. Hoy, si un contribuyente quiere presentar una solicitud de devolución, la cita para estos efectos es fijada para dentro de cuatro a cinco meses. En 2014, sólo podemos adivinar que vaya a suceder con este plazo, pero no sería extraño que aumente, lo que redundará en la ineficiencia del procedimiento de devolución o compensación de impuestos.

Otro problema más delicado y cuyo costo es más difícil de determinar, es el impacto macroeconómico. El recaudo es uno de los elementos que juegan en la política fiscal de un país. Un enfoque desbocado en el recaudo supone tener una política fiscal restrictiva, la cual a su vez frena la demanda agregada, efecto que no es deseable cuando la economía se está desacelerando, tal y como parece ser el caso actual de Colombia. Y es que la necesidad de pagar mayores anticipos de impuestos a la DIAN supone un incremento en las necesidades de capital de trabajo de las empresas, necesidad debe ser financiada, en muchos casos aumentando el precio de sus productos, lo que termina reduciendo la demanda agregada, contribuyendo a la desaceleración económica.

El asunto no es de poca monta y debiera ser motivo de profunda reflexión dentro del Gobierno. No obstante, por mirar el árbol, la DIAN y el Ministerio de Hacienda olvidan ver el bosque, el cual empieza a quemarse.

*Los posts y comentarios expresados en este blog no comprometen a Palacios Lleras, corresponden a la opinión de Jose A. Herrera Carvajal.

Imagen: www.bloomberg.com